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domingo, 26 de agosto de 2012

CAPÍTULO 3.


Llegó la tarde, y estuve con Elsa dando una vuelta por el paseo, mientras mirábamos las cosas de los puestos para comprarnos algo.
Ella se compró varios bolsos, collares y pulseras.
Llegué aún puesto donde había extrañas figuritas, pendientes y collares con plumas pero yo vi algo que me gustaba desde hace mucho tiempo, y que me quería comprar, pero lo que iba a comprar no iba a ser para mí, sino para otra persona
Quedamos con los padres de ésta, en el centro de la plaza. Llegábamos tarde, nos estaban esperando.
Cenamos en una pequeña hamburguesería cerca del centro.
-Ama, ¿Luego nos dejas bañarnos en la piscina?
-¿De noche?-dijo frunciendo el ceño.
-Porfa, que todo el mundo se baña-dijo suplicándole.
Su madre no volvió a contestarle, y nosotras estuvimos calladas desde entonces.
Llegamos al chalet, y subimos a arriba del todo.
-¿Tú te vas a bañar?-le pregunté.
-Claro tía.
Buscaba su bikini.
-¿Estará Joel?
Sonrió mientras seguía buscando. Se volvió hacia a mí con el bikini ya en la mano.
-Es lo más probable.
-Entonces voy. Pero no me voy a meter.
Asintió.
La parte de arriba de  su bikini era rosa fosforito, y la de abajo era negra.
Se amarró el pelo, cogió la toalla, y nos pusimos rumbo a la piscina, no sin antes coger lo que había comprado.

Elsa dejó su toalla en una barandilla y se fue a donde la gente de esta mañana.

Vi a Joel. Estaba solo, tapado con su toalla, sentado en la hierba. Me daba penita.
Me acerqué hasta él, y me senté en frente.
-Hooolaaa.

-Sara
-Sí, soy yo.-dije con una sonrisa.
-¿Te lo estás pasando bien aquí?
-Sí, claro. ¿Pues?
-Me han contado lo de esta mañana.
-Aah, eso.-puse mala cara.
-No quiero que te hagan daño por mi culpa. No hagas caso a las tonterías que dice.
-Aiiss.
-En serio, por favor.
Me entristecí.
-Okay
Nos tumbamos uno al lado del otro. La gente miraba, se bañaba, se besaba se tapaba con las toallas.
-¿Quieres que nos vallamos para estar solos? La gente fijo que ya se ha dado cuenta.
-Sí, nos miran mucho.
Se levantó primero, y luego extendió su mano, para ayudarme a levantar.
Esta vez, en vez de ir a la terraza y tumbarnos en sus famosas hamacas, nos fuimos a su habitación. Se cambió y yo le esperaba en la cama con el regalito.
Se sentó a mi lado.
-Te he comprado algo.
-¿Si? Pues no deberías a verlo hecho.
-Tonterías. Yo hago lo que quiero.-me acerqué más a él-ñañañaña-le susurré al oído, y le di un beso en la mejilla.-Ábrelo anda.
Sonrió.
Abrió el sobre, y comenzó a tocarlo con sus manos.
-Plumas.
Me reí.
-Sí
Siguió tocándolo.
-Me encanta.
-¿Ya sabes lo que es?
-Sí, un atrapa sueños, ¿no?
-Exacto.
Volví a darle otro beso.
-Dicen que esto lo pones al lado de tu cama, y que filtran los sueños buenos, pasando por el centro, mientras que los malos se quedan en la malla, y se desvanecen con el primer rayo de luz del amanecer.
-Muchas gracias, me parece súper interesante.
-Entonces, ¿Te ha gustado?
-Claro, me ha encantado.
-Me alegro mucho.- sonreímos los dos.
Dejé el atrapa sueños al lado de su cama, en el escritorio.
Al final, se tumbó a mi lado. Yo le contemplaba sin pestañear. Era realmente hermoso. Su pelo rubio me encantaba y sus ojos eran preciosos, a pesar de lo que le pasa.
Apagué las luces, para que pudiera dejar las gafas.
-Ahora podré soñar contigo.
Me acerqué más a él.
-¿Y qué te gustaría soñar?
Se rió, y la habitación se quedó en silencio absoluto, hasta que se atrevió a contestar.
-Supongo que soñaría como estamos ahora, tumbados en la cama, el uno al lado del otro. Te cogería la mano, y me arrimaría más a ti.
Y eso mismo hice. Me arrimé más a él, y le cogí de la mano.
-¿Y ahora?
-Te tocaría el pelo una vez tras otra.
-Hazlo.
Y lo hizo. Me estuvo tocando el cabello
-Suspiré
-¿Pasa algo?
-No.-sonreí.-Me encanta tu sueño.
-Me alegro.
-¿No?
-Dime.
-Eeh, nada, nada.
-No seas tonti, dime.
-Naah.
Empezó a hacerme cosquillas. ¡No aguanto las cosquillas! Así que me empecé a reír como una loca.
-¡Por favor paraa!- Grité mientras me seguía riendo.
-No hasta que no me lo digas.
-¡Vale, vale! Pero para por favor.
-Está bien.
Nos quedamos muy cerca el uno del otro. Estaba sentada, apoyada en la pared, mientras que él, tenía sus manos en mis rodillas, y su cara muy cerca de la mía. Para que no se fuera, le puse mis manos encima de las suyas.
-¿Quieresque me quede así?
-Sí por favor.
Puse mis manos en su cuello. Me incorporé. Estaba a escasos centímetros de él, de sus ojos, de sus cejas, de su nariz, desus labios.
-Cumple ahora tú mi sueño. 
Puso sus manos en mi cintura. Sus labios se acercaron a los míos, y se fundieron como si fueran uno solo.
De repente, alguien abrió la puerta. Era su hermana pequeña. Me avisaba que Elsa me estaba llamando para ir ya a casa.
-Lo siento, me tengo que ir ya.
Nos bajamos de la cama. Y nos volvimos a dar otro beso. Más cortito, más dulce. Más cariñoso.
-¿Quedamos mañana?
-¿Como una cita?
-Sí.
-Me parece bien.
-A las siete paso a buscarte.
-Muy bien. Te esperaré entonces.
Salía ya por la puerta.
-Sara.
Miré hacia atrás. Le vi.
-Esta noche soñaré contigo.
-Yo también.