Me acomodé en la hamaca. Cerré los ojos por un
momento.
Le acababa de conocer, y… ¡ya
me gustaba! Tenía muchísimas ganas de gritar, pero no era plan. Eso sí, empecé
a reírme sin ningún sentido, como una idiota.
Volvió. No tardó mucho.
Me di cuenta de que no sabía su nombre, aunque él
tampoco se sabía el mío.
Se sentó en la hamaca.
-No sé cómo te llamas.-dijo.
Mi corazón comenzó a acelerarse, creí que me iba a
dar algo.
-Soy Sara.
-Yo, Joel.
¿Qué hacía? ¿Dos besos? ¿Darnos la mano? ¡No sabía
que hacer!
Él no hizo nada, se tumbó, y yo le imité.
-Dentro de 3 meses me operan.
-¿De la vista?
-Sí, y ya podré ver.
-¡Qué bien!
-Sí, la verdad es que sí. Aquí las cosas se ven un
poco oscuras.- se rió.- ais.
-Estabas mejor con el bañador.- ¡se me escapó ese
pensamiento! ¡Ahora sí que tenía ganas de gritar! ¡Madreee! ¡Qué vergüenza! Me tapé la cara con las manos.
Se rió otra vez.
-Gracias. Me hubiera puesto otro, pero tenía frío.
-Lo siento, no era mi intención decirlo.
Volvió a reírse.
-Da igual mujer. ¿De dónde eres?
-De Bilbao.
-Vaya, me pilla un poco lejos.
-¿Por qué? ¿De dónde eres pues?
-De Barcelona. Aunque podría coger un avión para
verte.
Un breve silencio. Ya que yo no sabía que decir,
porque claro que me encantaría que me viniera a ver…pero
no sé…
-Me gustaría verte cuando ya me hubieran operado.
-Soy realmente fea, no creo que quieras verme.
Esta vez se rió a carcajadas.
-No lo creo.
-Pues créeme que sí.
-A ver descríbete.
Me senté en su hamaca, cogí sus manos, y las puse
en mis calurosas mejillas.
Rozó mis labios, tocó mis cejas, la frente, la
barbilla, la nariz… acarició mi pelo.
Se acercó a mi cuello, y olió mi perfume.
-eres hermosa.
Le besé en la mejilla.
-Tú eres precioso.-le susurré al oído.
Salí de su terraza, y fui a buscar a Elsa. Tenía
que contarle lo que había ocurrido.
Fui a la piscina, y allí seguía. Estaba hablando
con un grupo de gente.
Me acerqué hasta ella.
-Ya estoy.
-¡Al fin, tía! Nos tenemos que ir, ya lo siento
chicas, mañana os la presento ¿vale?
Adioóós.
Nos fuimos de la piscina, y subimos al cuarto. Nos
sentamos en las camas.
-¡Cuéntamelo todo! ¿Habéis hablado? ¡Obvio que
habéis hablado! ¿Qué ha pasado?
-¡Estás histérica!
Nos reímos las dos.
Le conté todo lo que pasó con Joel, con todos los
detalles. Lo que pasó perfectamente.
Después de hablar un buen rato y contárselo, se
quedó boquiabierta.
-¡Le has gustado tía!
-¿Tú crees?
-¡Claro que sí! No es así con las chicas. Y que te
haya tocado la cara ha sido brutal.
Me reí avergonzada.
-¿No crees que es mayor?
-Hombre…pues sí, pero ¿que se
le va a hacer? ¿No dicen que para el
amor no hay edad?
-Sí, pero no sé…
-¡No seas boba chiquilla!
Suspiré, y me tumbé en la cama mientras Elsa se fue
a coger la cena.
Después de un buen rato, subió con ella, y cuando
terminamos nos ‘’acostamos’’…
Seguimos hablando de Joel…
