-Te llamo al fijo, ¿vale? ¡Te amo, te amo, te amo! -digo muy rápido.
Cuelgo antes de que me conteste. Corro por el pasillo, y voy al cuarto de mi madre. Abro la puerta, y... ¡No está el teléfono! ¡No! Busco por la mesita, debajo de las almohadas...pero no está. ¿Dónde puede estar?
Salgo del cuarto, y voy a la habitación de mi hermana.
-¿Laila, tienes tú el fijo?
Lo señala con el dedo. Está encima de su escritorio. Intacto. No lo está utilizando. ¡Menos mal!
Lo cojo rápidamente y saldo de su cuarto. Regreso el mío. Me siento encima de la cama y marco el número. Su número.
Tarda un rato en contestar. ¡Al fin! Su dulce voz susurra...
-Yo también te amo.
Sonrisas a los dos lados del teléfono.
Un breve silencio. No es incómodo, para nada.
-¿Sabes que llevo soñando últimamente?
-Noo...¿Qué?
-Que me casaba.
-¿Tú?
-Sí...yo.-digo avergonzada.- Aiss. Llegaba al altar vestida de blanco y cuando miré a mi futuro marido...no se le veía la carra. ¡No sé con quién me casaba! ¡Creo que era Daniel!- me empiezo a reír, hasta secarme la lagrimilla del ojo.- Es broma cielo.
-Queeé mala. Fijo que soñabas conmigo.
-Es que no lo sé... pero es noche tras noche...
-No te preocupes, algún día te casarás conmigo. Me tengo que ir enana. Te amo.
-Joo. ¿A dónde vas?
-A...cocinar.
-¿Quieres que vaya?
-¡Oh, no! Tranquila, no hace falta.
-Huuum. Está bien. Te quiero.
-Y yo preciosa.
Colgamos el teléfono, y me tumbo en la cama.
No me ha sacado el tema de Lauren, así que genial. Espero que no sea verdad lo que me dijo...en fines...
Espero que Lucía lo haya pasado bien con Daniel. Hacen una pareja, irresistiblemente perfecta *O*