Todo estaba gris y oscuro, estábamos mis tres hermanos mayores, mi madre y yo, en la habitación de mi hermano mayor.
Cuando de repente, apareció un cachorro de labrador de dos meses por la puerta. Me asusté y corrí hacia mi madre, tenía miedo, pero la perrita, vino rápidamente hacia mí, y comenzó a chuparme la mano, en ese mismo instante, me alegré muchísimo, ya no tenía miedo, estaba feliz y contenta. Puse la mano sobre ella, y empecé a acariciarla.
Era suave, muy suave. Tenía el pelaje de color negro como el azabache y unos ojos enormes, de color marrón clarito, era preciosa. Consigo llevaba un collar finito de color rojo, y con una placa dónde estaba escrito su nombre: Blaki.
En ése mismo día, ya la cogí cariño. Se abalanzaba sobre mí, me tiraba al suelo, y yo, siempre, me reía. Me chupaba toda la cara, mientras la acariciaba.
Corríamos por toda la casa, aunque mi madre, me gritaba que no lo hiciera.
Esa misma tarde, cogí la correa y se la puse. Bajamos las escaleras, y salimos corriendo de casa con mi madre. Fuimos a un parque donde había una fuente enorme, y… no me di cuenta de estar en ella metida con la perrita. Aunque mi madre me castigara después, me lo pasé genial con ella.
Han pasado horas, días, semanas, meses, años... y Blaki a crecido, es más grande, más mayor, es muchísimo más fuerte. Además, es lista y muy obediente. Ahora, es preciosa, muchísimo más, que cuando era un cachorro.
Todo aquellos que la conocen, se sorprenden muchísimo del carácter de Blaki, dicen que nunca han visto un perro tan obediente, inteligente y bien educado.
Yo pienso lo mismo, creo que ella es muy especial, lo mejor de todo es que nunca he hecho nada especial para adiestrarla, ni he consultado con profesionales, ni siquiera la he dado el mejor pienso , ni los mejores cuidados.
Podría ser su raza la que hace que sea tan noble pero lo cierto es que conozco algunos labradores y ninguno se iguala a ella.
Recuerdo en una ocasión, que me encontré un gatito en la calle y me dio tanta pena que lo llevé a casa.
A mi madre, no le hizo mucha gracia pero ella que siempre ha sido muy generosa me permitió quedármelo.
Todos sabemos lo que dicen de los perros y los gatos, de los territorios y los celos…
El caso es que Blaki vio al gatito, y lo aceptó de muy buen agrado hasta el punto que ella parecía su madre.
Jugaba con él, lo cuidaba e incluso permitía que la mordiera y arañase.
Dormían juntos, comían juntos sin ningún problema.
Ahora ya tiene seis años, pero no ha perdido su vitalidad, le sigue gustando jugar, conocer otros perros e incluso nadar en el mar en busca de su pelotita.
Es el mejor perro que he conocido nunca, espero que en el cielo haya un lugar para los perros, porque, ella desde luego se lo merece.
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