Una sonrisa más, acompañada de mi flor preferida, una rosa negra con espinas.
Me he pinchado. Sale sangre de mi dedo.
Una tarde más, acompañada de sus ojos oscuros mirándome.
Su gruesa mano morena, dura, y tensa se apoya en mi mejilla rosada.
Mi respiración que hasta hace un momento no la oía, ahora sí que la oigo.
Él sonríe, al ver mi cara, yo, le devuelvo mi sonrisa avergonzada.
Físicamente somos diferentes, él es muy alto y fuerte. Moreno, todo un seductor, mientras que yo...soy frágil, pecosa...y pelirroja, pero en el fondo...somos muy parecidos, parece que tenemos telepatía.
Me levanto del sofá con cuidado. Abro la puerta de casa. Él, me sigue. Eso era lo que quería.
Caminamos bajo la lluvia fría. Me estremezco, mientras que éste, se acerca hacia mí, rodeándome con su enorme brazo, haciéndome sentir segura a su lado.
Se para. Giro la cabeza hacia atrás para verle. ¿Por qué se habrá parado?
Me sonríe. Una sonrisa dulce, con unos dientes...demasiado blancos para una persona.
Extiende sus brazos, y las palmas de las manos. Mira hacia arriba cerrando los ojos.
Está empapado, de los pies a la cabeza, igual que yo.
Parpadea de vez en cuando, por las gotas que le caen sobre los párpados. Me acerco hacia él. Le abrazo por la cintura apoyando mi cabeza sobre su pecho.
Oigo latir su corazón de forma acompasada. Pum...pum...pum. Podría acostumbrarme a escuchar sólo este sonido siempre.
Sus labios carnosos susurras un: me encanta.
Sonrío. Me coge de la mano, llevándome casi arrastras a la luz de una farola.
