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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dreams.

Entre su larga melena se encontraban sus delicadas manos, tan blancas como la nieve.
Mi respiración se aceleraba sin darme cuenta.
Era ella. Mi chica perfecta. Sólo tenía que acercarme a ella, pero era imposible, porque estaba petrificado. Si quiera el corazón me latía.
Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, hasta se me erizó el vello de los brazos.
Giré lentamente sobre mí mismo, y la vi. Era ella, situada ahí, a unos pasos de mí. Era preciosa, y sonreía alegremente, como si nos conociéramos hace bastante tiempo, y nos hubiéramos vuelto a encontrar.
-Eres tú.- pronunció su dulce voz.
-¿Yo?- ladeé la cabeza.
-Sí, tú. Te llevo buscando toda la vida.
-¿A mí? No creo.- dije confuso.
-Claro. Eres mi amor. Mi vida entera, y yo buscándola.-dijo llevándose una mano a la frente, y moviendo la cabeza de un lado a otro, sin dejar de sonreír.
-Me pareces preciosa, y eres la chica de mis sueños...bueno, de cualquier chico...pero no, es imposible lo que tú dices.
-No, claro que no es imposible. Sólo si crees en mí.- dijo sin dejar de ocultar su hermosa sonrisa.
-¿Tengo otra alternativa?
-No. Pero es muy sencillo, porque aún no lo sabes,-se acercó a mi oído, y añadió- tú y yo nos complementamos.
-¿Eso es cierto?
-Por supuesto, no te estoy engañando. Te lo prometo.- susurró mientras cerraba sus ojos.
-¿Entonces yo a ti te quiero?
-Me amas.
-¿Y tú a mí?
-Eternamente.
Su mano blanca y delicada tocó mi mejilla, suavemente, sin temor, y yo pude oler su dulce aroma.
Sus ojos, estaba atrapado en ellos, no podía salir. Me atraían inconscientemente.
Esa chica que me vuelve loco, es ella, la misma que conocí en uno de mis especiales sueños...apartados de los demás.